¿Que son las ciudades inteligentes ?
Las Smart cities o ciudades inteligentes, son el resultado de la necesidad cada vez más imperiosa de orientar nuestra vida hacia la sostenibilidad. Así, estas ciudades se sirven de infraestructuras, innovación y tecnología para disminuir el consumo energético y reducir las emisiones de CO2.
Las ciudades más inteligentes impulsan el crecimiento económico sostenible y la prosperidad para sus ciudadanos. Sus dirigentes disponen de las herramientas necesarias para analizar los datos que les permitirán tomar mejores decisiones, anticiparse a los problemas para resolverlos de forma proactiva y coordinar los recursos para actuar de forma eficiente.
Existen varias ciudades que son consideradas smart cities.
Existen varias ciudades que son consideradas smart cities.
Variables para definir a una ciudad inteligente.
Existen variables
para definir si una ciudad es inteligente. Todas estas variables provienen de
la experiencia en estos treinta años de explosión de la contracultura digital. Podríamos señalar algunas palabras
clave: des materialización + des-movilización de tránsito rodado +
personalización en masa + funcionamiento inteligente + transformación suave y
ecológica + transparencia en tiempo real.
1. Transparencia radical en
tiempo real.-
Me
refiero a datos digitales de fácil acceso al ciudadano, a un click y que ayuden
a tomar mejores decisiones cotidianas. A la vez, transformar el big data en datos abiertos más
hardware open source. Sin embargo, los gobiernos son el mayor monopolio conocido y
actúan como tal, ocultando la información e ignorando la transparencia con sus
públicos. Los datos del gobierno deberían ser fácilmente accesibles,
estandarizados, en múltiples plataformas y confiables. Los datos no sólo
deberían estar en documentos accesibles, sino que deberían permitir una
conversación que se traduzca en empoderamiento ciudadano. Por
ejemplo, deberían poder ser utilizados por emprendedores y desarrolladores para
diseñar una oferta regulada de servicios a través de apps. En cuanto a la confiabilidad, se
debe saber de donde provienen dichos datos, por quienes fueron producidos y con
qué objetivo. Una ciudad no será inteligente si se diseña
nuevamente de arriba hacia abajo, porque precisamente la inteligencia digital
nos ha demostrado que se trata de procesos colaborativos y de crecimiento
orgánico.
2. Política post-partidaria. Mejor
participación comunitaria y plebiscitaria que democracia de partidos.
Las redes digitales son redes distribuidas. La ciudad es un
espacio para conectar personas, que no necesariamente se deben conectar
oficialmente en instituciones a partir de la política, sino que a nivel social
se conectan para organizar algo y se desconectan cuando el objetivo está
cumplido. De esa lógica vienen los smart-mobs y especialmente los movimientos
ciudadanos (Barcelona y Madrid son gobernadas desde junio de 2015 por dos
movimientos de este tipo). Para una gran parte de políticos, implicación
democrática consiste en votar cada dos o cuatro años. No estamos acostumbrados
a una política con jerarquías líquidas, de abajo hacia arriba y transparente.
Una ciudad inteligente debe abandonar definitivamente la filosofía de un
gobierno local centralizado, burocratizado, con decisiones de muy pocos que
afectan a todos, y celoso de guardar la información para utilizarla cuando
consideran oportuno. Debería ser algo más cercano a una Wikipedia: un liderazgo
fuerte, con una gran cantidad de editores trabajando en una estructura
escalable donde las jerarquías se establecen por el grado de participación y la
eficacia de la misma.
3. Una ciudad responsive,
adaptada según el dispositivo y la necesidad ciudadana. Rediseñar la interfaz
tránsito + edificios que aprenden = menor contaminación.
Me gusta la idea de
ciudad responsiva. Lo utilizo extraído de Stephen
Goldsmith en The Responsive City: Engaging Communities Through Data-Smart Governance(2014). Una ciudad es inteligente si
mejora la usabilidad de las interacciones físicas, integrando el fenómeno de
cultura digital a sus procesos analógicos a través del uso inteligente de las
TIC y los grandes volúmenes de datos. Mejorar la usabilidad de las
infraestructuras viables y en consecuencia reducir la polución ambiental. Conversación
multiflujos y multicorrientes. Rediseñar de manera disruptiva el sistema
operativo de las ciudades en relación a su tránsito, su polución y su ruido
bajo una dinámica de menos es más, reduciendo la complejidad de
los movimientos urbanos. Una
ciudad será inteligente cuando sus empleados públicos puedan trabajar de manera
orgánica y fluida, sin tener que asistir obligatoriamente a un
mismo lugar de trabajo en un mismo horario toda su vida laboral.
Por lo tanto podemos deducir que existe todavía existe incapacidad en la administración de los recursos de un país, los gobiernos son las últimas super estructuras del mercado que no toman ventaja y se apropian en forma eficiente de la sociedad red y los datos digitalizados.
El concepto de smart city se encuentra en auge, pero muy pocas ciudades de lo aplican honestamente. Una ciudad inteligente debe ser un diseño holístico, no es solamente tener wifi gratis en los lugares públicos, tener un discurso pro-emprendedores que solo afecta al 0,05 % de su población, o peor aún hacer algunas conferencias al año con emprendedores de Silicon Valley. tampoco es poner 100 bicicletas para que los ciudadanos la compartan (excepto el exitoso modelo Bicing en Barcelona). Una smart city va de crear comunidades en red las veinticuatro horas con el objetivo primordial de mejorar la calidad de vida y la ecología urbana de sus ciudadanos. En la mayoría de los casos se queda en marketing de ciudad y poco más. Barcelona quizás sea una excepción entre las grandes urbes, adquiriendo mayor relevancia con sus dos grandes convocatorias anuales: Smart City Expo y Mobile World Congress, aunque gran parte de su éxito también es marketing de ciudad. En el entorno anglosajón europeo, los ejemplos son muchos para tomarlos en cuenta y aplicarlos en países en vías de desarrollo como el nuestro.

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